El momento del día en el que me siento más yo es por la noche. Siempre me he sentido esplendorosa de noche. Me encanta la noche porque es el tiempo de los secretos, de las verdades no contadas. Es cuando el universo se abre a nosotros y nos cuenta el pasado, el presente y el futuro. Y lo hace estemos dormidos o despiertos porque la noche es poderosa y penetra en tí, aunque no quieras; pero cada uno es libre de recordarlo u olvidarlo. Y tal vez prefiramos olvidar porque lo que nos brinda la noche es tan poderoso que asusta. Yo no soy sol, que alumbra y calienta; soy luna, frío y sueños. Antes de todo, antes de nosotros, todo era noche y una hormiga, una hormiga con conciencia que nos soñó y pensó; y de aquella hormiga y aquella noche nacimos todos. Todo lo grandioso empezó con una hormiga; todos somos hormigas porque fuímos hechos a imagen y semejanza de ella. Y muchas hormigas, miles, millones, infinitas, es lo que es Dios; por eso nada se le escapa y todo lo sabe, porque todos somos ÉL. Y cuando contemplamos la inmensidad del cielo estrellado como hoy, o la belleza de un amanecer esplendoroso como anteayer, o damos un paseo por el bosque; la naturaleza se confabula y nos susurra sus recuerdos ancestrales para que no olvidemos. Es entonces, dentro de nuestra pequeñez de hormigas, de nuestra insignificancia, cuando sentimos la magnificiencia de la creación, y nos transmutamos en gigantes. Gigantes y hormigas a la vez. Y en ese instante precioso te das cuenta de la inutilidad de tu vida, de que la mayoría construimos nuestra felicidad en torno a espejismos fugaces porque el engaño del Sol, de la supuesta claridez del día, nos deslumbra y nos dirige hacia objetivos vanos. Y es que la verdadera luz, aquella que está detrás del umbral, nació en la noche oscura del no tiempo. Somos seres de luz pero nacidos del chispazo de una hormiga que cierto día, sin quererlo, de noche nos pensó. Y encontrarnos sería tan fácil, pero ¡tan fácil! Solamente pidiéndole a la noche que nos acoja en su regazo y nos cuente sus verdades escondidas: cómo fuimos, cómo somos, cómo seremos. Por eso me gusta la noche, porque de la noche surge el Dios que habita en mi interior. En la noche surge el chispazo divino que me muestra mi ayer, mi hoy, mi mañana. Y no hay miedo porque cuando era, Él estaba, cuando soy, está, y cuando sea, estará. Vendrá el tiempo, no muy lejano, en que mirando al Cielo, si dejamos surgir esa chispa que todos poseemos, seremos esplendorosos porque ése es nuestro destino. Pero para ello tenemos que soñar, soñar despiertos en la noche. Y volveremos a ser lo que fuímos, hormigas insignificantes; pero infinitamente poderosas en el inicio de los tiempos, porque es hora de volver a empezar. La luna es cíclica, el sol no, siempre es el mismo, mentiroso, redondo. El Sol dice que nada cambiará, que estaremos ahí siempre, y nos miente. Y la luna está llamando ya a sus guerreros de luz, que nacieron en la inmensidad de la noche del no tiempo, para que no olvidemos, recordemos y volvamos a SER.
miércoles, 10 de marzo de 2010
YO: DIOS
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