Ella está visiblemente nerviosa, sujeta los apuntes con sus manos temblorosas y los cambia de sitio una y otra vez, no sabiendo muy bien qué hacer. El examen más difícil de su carrera la espera a la vuelta de la esquina. Está segura de que si lo supera su sueño ya será casi una realidad. Quiere ser una gran abogada, al servicio de los más débiles.
De pronto… un bam… súbito y ensordecedor, una fuerza salvaje que la golpea y la arroja por los aires. En ningún momento pierde el sentido. Es testigo del espectáculo macabro y dantesco que se abre ante sus ojos incrédulos. ¿Qué ha pasado? No entiende nada de nada. Trata de levantarse, se tambalea, cae al suelo. No puede, no puede… Un niño llora, su madre al lado, llena de sangre, inerte. Ella se arrastra, se arrastra como puede y toma al niño, que no cesa de llorar, desconsolado, entre sus brazos. Y espera, espera que alguien venga, le ayude y le explique qué es lo que ha pasado, qué es todo aquel infierno, que deja a los muertos sin vida, a los niños sin madre, a los vivos sin sueños…
Y se lo explicarán a lo largo de estos seis años, una y otra vez: sus padres, sus amigos, la policía, la televisión, los periódicos… Y ella no entenderá nada, nunca comprenderá el por qué de tanta barbarie gratuita, porque la maldad humana, la sinrazón, no tiene explicación.
2 comentarios:
Anda, vaya sorpresa....
Aun hablando de un tema lúgubre como el de los atentados...
Os mando un abrazo ;)
Nada, es que nos pusimos a recordar en el face y no queríamos que nadie quede en el olvido. Es de justicia, se lo debemos.
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